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Puigdemont amagó con declarar la independencia de Cataluña pero terminó dando marcha atrás

El presidente del gobierno regional de Cataluña, Carles Puigdemont, aseguró ayer que defiende “el mandato del pueblo de Cataluña de ser independiente”, pero le pidió al Parlamento que “suspenda la declaración de independencia, para emprender un diálogo para llegar a una solución acordada”.

Poco después, los diputados de su alianza Juntos por el Sí y sus socios del partido anticapitalista Candidatura de Unidad Popular (CUP), lo que representa la mayoría absoluta del parlamento catalán, firmaron un documento en el que se comprometieron a suspender la declaración de independencia, como pidió Puigdemont en su discurso. Sin embargo, la iniciativa no fue votada formalmente.

La CUP decidió apoyar al presidente catalán, pero no escondió su malestar. “Creemos que hoy tocaba proclamar solemnemente la república catalana y quizás hemos perdido una oportunidad”, aseguró la diputada y jefa de la bancada Anna Gabriel al intervenir en la sesión plenaria del parlamento regional, poco después de Puigdemont y su propuesta ambigua que osciló entre defender el mandato del referéndum para declarar la independencia y pedirle al poder legislativo regional que no lo haga ahora.

“Con los resultados del (referéndum secesionista del) 1º de octubre, Cataluña se ha ganado el derecho a ser un Estado independiente”, comenzó a argumentar Puigdemont ante el Parlamento regional. “Si todo el mundo actúa con responsabilidad, el conflicto se puede resolver de manera serena. Por nosotros no quedará”, agregó.

En su discurso aseguró que la consulta otorgó el mandato para “Cataluña se convierta en un Estado independiente en forma de república” pero propone suspenderlo para buscar un proceso de diálogo en el que Europa esté involucrada.

En juego está el futuro de un territorio estratégico para España, con una superficie similar a la de Bélgica, con un 16% de su población y un 19% de su Producto Interior Bruto. Y desde Madrid, no piensan quedarse con los brazos cruzados.

En español, afirmó que no tiene “nada contra España”, pero apuntó que la relación es “insostenible”, después de “años de agravios” por parte de las autoridades españolas.

Recordó que durante mucho tiempo reclamó un referéndum acordado como el celebrado en Escocia pero se siempre se encontró con “una negativa radical y absoluta” del Gobierno español.

Entre los agravios mencionó lo que considera “menosprecio” a la lengua y la cultura catalanas, la falta de inversiones y la decisión del Tribunal Constitucional en 2010 de recortar el Estatut (norma básica en Cataluña) que había sido aprobado en consulta popular unos años antes.

Puigdemont aseguró también que Cataluña “es un asunto europeo” y se comprometió a “desescalar la tensión” generada por ese referéndum.

En el referendo del 1 de octubre, marcado por la violencia policial para impedir el voto en determinados colegios, solo un 43% de los 5,3 millones de electores potenciales participaron, un 90% a favor de la secesión.

Tras la intervención del presidente de la Generalitat, Inés Arrimadas, diputada del partido Ciutadans,tomó la palabra y afirmó: “Esto es una crónica de un golpe anunciado”. Según Arrimadas, Puigdemont expresa “el peor nacionalismo que hay en Europa”. “Se han equivocado de siglo y de lugar”, agregó con ironía.

Por su parte, el líder del Partido Socialista de Cataluña, Miquel Iceta, sentenció: “No se puede suspender la declaración que no ha hecho”. Según Iceta, la jornada del 1-O fue “un acto de votación sin garantías”, por lo que “no se puede desprender ningún mandato democrático” del referéndum.